miércoles, 4 de mayo de 2016

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Buenas razones para cuidarse casi como la #LadyCajero


El internet no perdona y ahora sus usuarios han vuelto “viral” una fotografía donde una mujer sostiene un suéter para cubrir las operaciones que su acompañante hace en un cajero de Banamex.

Semejante “medida de seguridad” fue considerada exagerada y un tanto ridícula, lo que generó todo tipo de bromas y hasta los llamados “memes” con esa imagen en redes sociales.

Sin embargo, la actitud de la mujer no es mera extravagancia, ya que cada vez más tarjetahabientes han denunciado todo tipo de artimañas de delincuentes que buscan apropiarse de sus datos.

Esto tristemente no es broma, ya que la misma Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) ha reconocido robos en sucursales ya sea con cámaras, dispositivos ocultos y hasta trucos de magia.

A continuación, se recopilan buenas razones para cuidarse (no precisamente con una prenda detrás de nosotros) en las operaciones que hacemos día con día en cajeros automáticos.

El “skimmer” que clona tarjetas

¿Alguna vez notaste algo extraño en la ranura por donde deslizas tu tarjeta? Si la encontraste desproporcionada o tal vez sobrepuesta es porque alguien colocó un “skimmer” para copiarte número de cuenta, fecha de expiración y demás datos personales.

La información se almacena en ese aparato para luego transferirse a un plástico nuevo que los delincuentes utilizarán para comprar lo que quieran a tu nombre.

Lo grave es que no necesitan convertirse en hackers para emplearlo, ya que el “skimmer” sólo requiere de paciencia y unos pocos minutos para instalarlo. Y peor aún, lo mismo pueden clonar tarjetas con chip que son supuestamente más seguras.

Las cámaras ocultas

La imaginación de los criminales no tiene límites y más cuando las actuales cámaras de video son cada vez más pequeñas y con apariencias engañosas.

Desde bolígrafos sospechosos que descansan sobre las paredes, hasta piezas flojas y sobrantes de las que supuestamente forma parte el cajero: todos con baterías y lentes minúsculos, listos para grabar las teclas que oprimes para tu contraseña.

Estos dispositivos (algunos fabricados con partes de celulares) se complementan con los ya mencionados “skimmers” para apoderarse del NIP (Número de Identificación Personal) y la mejor manera de evitarlos -según aconseja Condusef- es cubriendo con una mano el teclado al digitalizar nuestros datos y cifras a retirar.

El “mago” que se ofrece a ayudarte

Ya desde hace algunos años las autoridades han reportado la presencia de estafadores en las filas de los cajeros, quienes se hacen pasar como amables ciudadanos.

Simplemente esperan la oportunidad de que un usuario tenga problemas con el lector para actuar: explican que la banda magnética está sucia por lo que tallan la tarjeta con un trapo o hasta con el cabello para supuestamente limpiarla.

En un movimiento veloz y casi imperceptible -denunciado de hecho como truco de magia- los delincuentes cambian el plástico por otro, para luego salir del banco y gastar todo el dinero que puedan, antes de que el dueño se percate del engaño.

Recomendaciones a la #LadyCajero

Tal vez no necesites de una manta que te cubra casi todo el cuerpo, pero acudir al cajero automático con un acompañante no es una mala idea.

La misma Condusef sugiere no asistir a cabinas poco concurridas o aisladas, sobre todo en la noche, y de plano evitarlas si alrededor notas la presencia de sujetos sospechosos.

“Desconfía de cajeros en los que aparezcan letreros o comunicados, ya que las instituciones nunca solicitan información confidencial a través de esos letreros”, añade la dependencia en sus constantes boletines de prensa.

cerovaro.finanzas@gmail.com

* Este post también fue publicado en EL UNIVERSAL.
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jueves, 28 de abril de 2016

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Duras lecciones de economía dichas por niños

Tal vez no tengan un premio Nobel, pero estas jóvenes promesas han puesto el dedo en la llaga en donde especialistas de años se han negado a escudriñar.

Uno de ellos no necesitó de los millonarios recursos de Deloitte para descubrir que la trasnacional Abengoa se acercaba a la quiebra. Y otras dos niñas de 10 y 12 años tuvieron la valentía de señalar con “cachetada de guante blanco” los abusos de la banca.
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jueves, 31 de marzo de 2016

Unknown

Nueva economía ya es una realidad: el PIB de la felicidad


Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el Producto Interno Bruto de México creció un 2.5% durante el año 2015. Pero a usted ¿qué tanto le afectó tal cifra en su vida cotidiana? Si la economía mejoró ¿debería ser más feliz?

De acuerdo al más reciente Informe Mundial sobre Felicidad, presentado apenas este mes de marzo por la Universidad de Columbia, nuestro país descendió al sitio 21 de un total de 156 naciones consideradas en el peculiar índice.

Al parecer, el tan famoso PIB -ese valor monetario de los bienes y servicios producidos por un país en un periodo determinado- no tiene ya relación con los bolsillos ni mucho menos con los sentimientos de todos nosotros, las personas de a pie.

De hecho, se supone que gran parte de la humanidad ha sido a través de las décadas un poco más rica y saludable, no obstante, esa riqueza ha llegado acompañada de malestar y descontento, según recuerda el periodista del Daily Telegraph, Edmund Conway.

“Durante los últimos cincuenta años, la población de las naciones ricas ha empezado a sentirse menos feliz”, es la sentencia. ¿Qué esperar de los mexicanos entonces? Los parámetros de medición del bienestar de una economía han cambiado de paradigma.

Un Kennedy lo previó: el PIB no lo mide todo

Si bien al paso de los siglos los economistas se han concentrado en números como indicadores del progreso, ya en el siglo XIX el padre del utilitarismo, Jeremy Bentham, había propuesto el objetivo de “la mayor felicidad para el mayor número”.

Para el siglo XX -año 1968, según recuerda el diario español El País- el senador Robert F. Kennedy pronunciaba el siguiente discurso:

“El PIB no tiene en cuenta la salud de nuestros niños, la calidad de su educación o el gozo que experimentan cuando juegan. No incluye la belleza de nuestra poesía ni la fuerza de nuestros matrimonios, la inteligencia del debate público o la integridad de nuestros funcionarios. No mide nuestro coraje, ni nuestra sabiduría, ni la devoción a nuestro país. Lo mide todo, en suma, salvo lo que hace que la vida merezca la pena”.

Aunque Robert sufrió el mismo trágico destino que su hermano John, presidente de Estados Unidos asesinado en 1963, tal parece que sus palabras hicieron eco en futuras investigaciones, tal como la encargada por el gobierno francés en el presente siglo, año 2008.

Según los resultados presentados por el mismísimo Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, el PIB se utiliza de forma errónea, más cuando aparece como medida de bienestar. Y pone de ejemplo cómo un mayor consumo de gasolina puede incrementar el Producto Interno Bruto, pero en detrimento del medio ambiente y la calidad de vida de la gente.

Bután, el país que mide su felicidad bruta

Como en cuento de hadas... había una vez un reino en Asia cuyas mediciones tradicionales indicaban un crecimiento lento de su economía. Pero en 1970, el rey apostó por una nueva política económica que de cuento pasó a realidad: la Felicidad Nacional Bruta.

¿Resultó o quedó en mera ocurrencia? Para 2007 fue la segunda economía con el más rápido crecimiento en el planeta, mientras que una encuesta arrojaba que sólo un 3% de la población admitía no sentirse contenta, según documenta Conway en su libro Cincuenta cosas que hay que saber sobre economía.

Se aplicaron medidas interesantes, tal como decretar que el 60% del territorio debía seguir cubierto de bosques, además de redistribuir el dinero de ricos a pobres. En contraste, fueron expulsados cientos de migrantes, una mancha en materia de derechos humanos.

De cualquier manera, el ejemplo de Bután ha motivado a otros gobiernos como el de Australia, Reino Unido y China a buscar un índice confiable a nivel internacional. El mejor intento ha sido el Índice del Planeta Feliz, de la New Economics Foundation, que trabaja con factores poco considerados como satisfacción subjetiva o esperanza vida.

Economía de la Felicidad: todo un campo de estudio

No es noticia que estudiantes de economía y hasta psicología ya se toman muy en serio la discusión del tema en sus respectivas universidades.

De hecho existen descubrimientos inquietantes, tal como el del británico Richard Layard: "una vez que el salario medio de una nación supera los 20 mil dólares, el aumento de ingresos vuelve más insatisfecha a la gente".

También hay críticas como la del semanario The Economist:

“La simple posibilidad de ver a políticos diciendo a la gente cómo son de felices es puramente orwelliana; otro peligro de la proliferación de indicadores es que supondría todo un regalo para grupos de interés, al dejarles elegir números que amplifiquen su miseria y así poder reivindicar una mayor porción de la tarta de la economía nacional".

De cualquier forma, hay base teórica para comprobar algo que, de alguna manera, ya todos sabíamos: el dinero y el consumo… no son la felicidad.

* Imagen: habitantes en la arquitectura de Bután, fotografiados por Reuters

cerovaro.finanzas@gmail.com

* Este post también fue publicado en EL UNIVERSAL.
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viernes, 4 de marzo de 2016

Unknown

Película que aplaudió Nobel de Economía, también ganó un Oscar

Los reflectores fueron para DiCaprio y en México también para 'El Chivo' y González Iñárritu. Incluso la polémica 'Spotlight', sobre los abusos de curas en Boston, dio mucho de qué hablar tras la pasada ceremonia de los Premios Oscar.

Sin embargo, otra película igualmente ganadora pasó un tanto desapercibida, con todo y su reconocimiento como 'Mejor Guión Adaptado' de un libro incisivo -incluso best seller- del periodista en economía Michael Lewis: 'The Big Short'.

Publicado en 2010 y traducido al español como 'La Gran Apuesta', es la historia detrás de la crisis financiera de 2008, aunque el autor ya advertía la codicia de los mercados financieros desde su primer trabajo, 'Liar's Poker', otro superventas de 1989.

Ahora adaptada como película y dirigida por Adam McKay -con estrellas del calibre de Brad Pitt y Christian Bale- las ideas de Lewis llegan a la pantalla grande para recordarnos que, más allá de la mentada crisis hipotecaria y las burbujas especulativas, fueron la avaricia y corrupción de los financieros de carne hueso quienes llevaron al desastre a Wall Street.

En la historia son cuatro tipos los que se dan cuenta de tal mezquindad, una realidad que incluso las agencias calificadoras habían pasado por alto, por lo que se atreven a lo impensable: apostar por un próximo colapso, apostar contra la credibilidad de los banqueros y de paso arrancarle al sistema financiero (cada vez menos regulado) una cucharada de su propio chocolate.

De todas las reseñas posibles, la más interesante no la escribió un crítico de cine. La hizo un Nobel de Economía, el profesor Paul Krugman, reconocido en 2008 por sus estudios sobre el comercio internacional y la concentración geográfica de la riqueza.

Su análisis para el diario español El País ha sido al menos provocativo: “una nueva película que los enemigos de la regulación financiera no quieren, bajo ningún concepto, que veamos”. Y advierte: “ya ha sido objeto de ataques virulentos en los periódicos controlados por (Rupert) Murdoch”, el accionista detrás del tabloide The Sun y la cadena televisiva Fox.

Cabe recordar que el filme tuvo una distribución limitada en salas del vecino país y que se normalizó casi dos semanas después en el mes de diciembre. En México no todo el público supo de ella y pese a estar nominada al Oscar, ahora parece estar fuera de cartelera.

El mismo discurso del director McKay tras recibir la estatuilla, parece que tampoco tuvo tanto eco entre la audiencia: “no voten por candidatos que toman dinero de los grandes bancos”.

Lo que opina el Nobel de 'La Gran Apuesta'

Lo primero que alaba el académico de Princeton es la capacidad del guión para evitar abstracciones económicas y enfocarse en “personajes pintorescos que se dieron cuenta de la putrefacción del sistema y trataron de ganar dinero aprovechando ese conocimiento”.

Muy cierto lo que plantea Krugman, ya que entre tecnicismos como “hipotecas subprime” o bien “obligaciones de deuda garantizada” (CDO en inglés) las escenas explican con sencillez la maña de disfrazar préstamos dudosos en instrumentos supuestamente seguros (incluso las sensuales Selena Gómez y Margot Robbie parecen definirlos sin titubeos en un par de cameos).

No obstante, el Nobel advierte que la triste realidad superó la ficción, ya que fueron más que un puñado de locos los que sabían de la inminente burbuja inmobiliaria (un alza exagerada de las casas, pero con precios que no tienen nada que ver con su valor real).

“Protagonistas influyentes y aparentemente fiables, empezando por Alan Greenspan, insistieron no solo en que no había ninguna burbuja, sino también en que la formación de una burbuja ni siquiera era posible. Y de hecho, la burbuja cuya existencia negaron se infló en gran medida gracias a unos planes financieros opacos que, en muchos casos, constituían un auténtico fraude”.

Krugman concede que 'The Big Short' recoge las bases de la crisis que se extendió por años, pero añade que “el verdadero relato” es aun más molesto para los poderosos, quienes han difundido “una historia alternativa” que culpa a Washington por prestar demasiado a los pobres.



Así pues amigo cinéfilo, busque en las pocas salas donde todavía se exhibe 'La Gran Apuesta' o bien no deje de pelear por verla en internet, Blu-Ray o donde pueda. Y no olvide las palomitas.

cerovaro.finanzas@gmail.com

* Este post también fue publicado en EL UNIVERSAL.
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martes, 2 de febrero de 2016

Unknown

Araiza, Legarreta y el dólar: las verdades a medias

Vaya aquelarre el que sostuvieron las redes sociales la semana pasada tras una intervención del programa "Hoy" en donde -de manera inédita en ese matutino de Televisa- se hicieron comentarios acerca de ¡economía!

Primeramente, llama la atención que la dosis de "memes" y hasta insultos se enfocaran sólo a Andrea Legarreta, cuando su compañero de conducción, Raúl Araiza, también aportó en ese segmento con lo que se le ocurría.

Las palabras poco fluidas, improvisadas y como pronunciadas por encargo, sobre todo en una emisión originalmente dedicada al chisme y los horóscopos, desataron tal retahíla de burlas que la actriz reconoció después que “como cualquier revista, tiene también anunciantes y menciones de todo tipo”.

Pese a todo, reducir nuestras reacciones a soberanas mentadas de madre no ayuda mucho a construir un juicio mejor afilado sobre lo sucedido, y más aún a lo que verdaderamente importa: la paridad peso-dólar.

Porque nos podrá o no gustar el mentado programa (con un público que no precisamente encontramos en el "target" de Twitter) pero lo mencionado por estos personajes -contra lo que se pudiera pensar y aunque incomode- no necesariamente se trató de mero rollo ni estupidez.

Fuera una opinión pagada a favor de una visión optimista del mercado, o incluso una auténtica osadía en la rutina de los (a fin de cuentas) actores, lo cierto es que los términos "economía familiar", "China" o "importaciones" se pronuncian igualmente por todos aquéllos con ánimos de opinar, ya sean catedráticos en economía o nuestros propios amigos en una charla de sobremesa.

Y antes de que el lector de este texto frunza el ceño, sin afán de provocación, lo escuchado en pantalla en el Canal de las Estrellas de hecho no fueron mentiras. Más bien fueron verdades convenientemente dichas a medias.

Argumentos de telenovela

Veamos… para empezar, la conductora alegaba que “lo que pasa con la economía mundial tiene que ver con lo que pasa en la economía china”, a lo que Araiza simplemente respondió… “sí, claro”.

Independientemente de qué tan convencidos estaban sobre lo que decían, lo cierto es que la República Popular China es el motor económico para los países emergentes que le venden sus materias primas, demanda que sucumbió ante la reciente desaceleración de la industria asiática que no puede comprarles más.

Además, esta potencia que emparejó desde hace años a la economía gringa ya es cliente básico de recursos energéticos, pero con su industria detenida los precios del petróleo bajan y pegan a los países productores.

México bien puede sentir el coletazo del dragón, pero no tanto como Brasil o Argentina, ya que es Estados Unidos a quien más vende, no tanto a China. “Esto genera nerviosismo”, citó una más nerviosa Legarreta, y pues sí, pero no tanto como para anteponerlo como la gran prioridad mexicana.

El argumento que siguió en esa mañana de “Hoy” lo balbuceó (hay que decirlo en defensa de Legarreta) el “Negro” Araiza: “uno de los efectos en México es que el dólar ahora cuesta más que antes, ya lo sentimos, ya lo vimos todos y eso nos genera (risas) muchas inquietudes”.

De hecho, el dólar ya venía subiendo desde 2015 (efectivamente, no sólo en nuestro país) en parte por la recuperación de la economía estadounidense tras su crisis de 2008. Los ahorradores volvieron a confiar y retiraron el dinero que habían invertido en naciones como la mexicana. Esos dólares, convertidos en pesos al llegar aquí, se cambiaron otra vez por el billete verde, y ante la menor demanda de nuestra moneda el tipo de cambio la depreció.

“Sube por culpa de las economías de otros países que están mal, no es por culpa de nuestro gobierno”, explicaba la ex Fresas con Crema.

Si bien la moneda no se “devalúa” porque ya no existe el tipo de cambio fijo y por decreto de los años 80 (en función del capricho del presidente en turno) ahora se “deprecia” o “flota” de acuerdo al mercado cambiario, pero la responsabilidad permanece aún en las autoridades, y es obligación del Banco de México combatir la volatilidad. No están pues exentos de su deber.

Otra vez Araiza entró al quite: “la inflación es la más baja en la historia (esto es verdad, cerró 2015 en 2.13% anual) y eso significa que aunque el dólar suba, no suben los precios de lo que estamos consumiendo”. Aunque en el pasado el alza-dólar era equivalente a inflación inmediata (porque se ajustaban las expectativas ante un tipo de cambio fijo) los empresarios pueden sufrir mayor costo de insumos y subir eventualmente los precios al consumidor.

En general, fueron estos algunos de los argumentos -a veces galimatías- que tuvieron su mejor contraparte con algunos “tuiteros” que no atinaron más que apostar en absolutos, ya sin importar si quien opinaba era un “televiso” o una persona que, en todo su derecho, rescataba coincidencias del episodio.

“Lo que pasa con el dólar no tendrá impacto negativo en su economía”, fue la sentencia en el Canal 2, expresada por cierto, por Raúl Araiza. Lo blanco o lo negro, así sin matices, sin profundizar en nada, es de hecho el mismo yerro con el que tropiezan también muchos analistas por ahí.

Y no necesitamos ser Galilea Montijo ni Pepillo Origel para caer en lo mismo.

* Este post también fue publicado en EL UNIVERSAL.
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